12/11/08

Queen + Paul Rodgers


Haciendo un ejercicio de memoria, son pocas las reuniones que sobreviven tras editar el ansiado “disco del regreso”. Con contadas excepciones los actos de nostalgia, a la hora de proponer algo nuevo, quedan muy cortos en inspiración, como si el trabajo de registrar los temas del “retorno” fuese un asunto corporativo que poco o nada tiene que ver con los menesteres musicales. Otro punto común es que estos shows del recuerdo, que se juntan para unas “pocas fechas” y acaban casi siempre en gira por el mundo, son la excusa perfecta para que el choque de egos sea siempre “en buena”, sin daño ni empuje a la creatividad, cosa que aliviana aún más la mentada reunión.Dicho esto, el regreso discográfico de Queen es una prueba física de este desvarío. Con el veterano Paul Rodgers en las voces (Free, Bad Company), el conjunto británico nos adormece con The cosmos rocks, placa que enciende en muy pocas ocasiones, dando paso siempre a un blues-rock que ni siquiera en sus inicios Queen practicó. Desde el comienzo, con las predecibles y poco estimulantes “Cosmos rockin’” y “Still burnin’”. Con “Time to shine”, uno reconoce aspectos del sonido marca registrada de Queen, pero que luego se empantanan con la balada “Small”. Una de las pocas veces que The cosmos rocks logra su cometido es con “Warboys” o el sencillo “C-Lebrity”, aunque es imposible no pensar si la voz mucho menos “rockera” y más completa de Freddie Mercury le hubiese brindado otro matiz. Eso es precisamente lo que carece este trabajo.La misma sensación se produce con “We believe”, así como en gran parte de este registro, sobre todo cuando es el sonido de May el que domina los temas. Es casi imposible no pensar en Mercury otra vez, cantando, entregando ese timbre tan característico, ese carisma único, sello irrepetible e irremplazable de Queen. En definitiva hay notorias inconsistencias que se traducen un trabajo plano, descartable, lo que es una verdadera lástima considerando que son Brian May, Roger Taylor y Paul Rodgers. Y quizás sea por eso el resultado final: que la suma de las partes, todas brillantes y con un sitial en lo alto del panteón rockero, reciban como una pesada carga la mochila de llamarse Queen y salir incólumes en el intento. Eso refleja tanta mediocridad en un trabajo que bien podría haber estado entre lo más grande del año

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