11/11/08

¿Quién mató a Gaete, el copete?





Felipe Bianchi :


El Mercurio.


En estos días de nerviosismo económico, el Congreso tramita un proyecto de ley que pretende prohibir la publicidad de bebidas alcohólicas en los espectáculos deportivos, lo que causaría una merma al deporte chileno de unos cinco millones de dólares al año.
¿Existe evidencia real y estudios de peso que relacionen el incremento en el consumo del alcohol con su publicidad en los espectáculos deportivos? Hasta ahora, no. Ninguno.
¿Es normal que esto ocurra en el mundo? Tampoco. Los principales eventos deportivos son patrocinados por marcas de cerveza u otras bebidas alcohólicas desde los Apeninos a los Andes. Es más: sólo dos países en el mundo -Noruega y Rusia- prohíben hoy este tipo de publicidad en el deporte.
Ejemplos en contrario, así a la rápida: la Champions League es patrocinada por Heineken. La Copa UEFA y la Eurocopa, por Calsberg. La Bundesliga, por Bitburger. Los mundiales, por Budweiser. Y en la F-1, McLaren es auspiciado por Johnnie Walker.
Uno puede entender -desde la sacrosanta lógica- que se impida la publicidad del tabaco en el deporte si al mismo tiempo se prohíbe su venta, su promoción en otros ámbitos y hasta el acto mismo de fumar.
¿Pero prohibir la publicidad del alcohol en el deporte y sin embargo mantener su promoción, su venta y su libre ingesta en otros lugares? Es raro, por decir lo menos.
Los que están en contra de la nueva ley alegan por el dramático descenso en los ingresos de las instituciones deportivas. O porque afectaría la producción de empleos, especialmente en el sector vitivinícola. Puede ser, pero para mí hay algo más importante que el bolsillo: el fondo del asunto.
Los que somos contrarios a las prohibiciones y estamos por la autorregulación -es decir, el consumo responsable de pan, huevos, chocolates, bebidas, chicles, tallarines... alcohol, tabaco e incluso marihuana- entendemos que TODO puede hacer muy mal si se consume en exceso. El problema -y lo que hay que perseguir y castigar- es el exceso. No el consumo. Y menos la publicidad.
¿Hace bien comer huevos? No, da colesterol. ¿Y? Ahí está su publicidad. ¿Y el pan? Hace pésimo, causa obesidad. ¿Y? Ahí está su publicidad. ¿Cuál es la diferencia? Que el alcohol sería la principal causa de accidentes, invalidez y muertes prematuras en Chile, según el Gobierno. Mmmm. Muy debatible.
¿Que los niños y adolescentes no pueden decidir porque no son responsables? Entonces no los apabullemos con publicidad de hamburguesas, papas fritas, dulces y bebidas de fantasía que, a su nivel, son igual de adictivas y les hacen tanto o más mal que un trago o un cigarrillo a un adulto.
¿Que el Estado gasta mucho en sanar a los enfermos de tabaquismo, alcoholismo y drogadicción? Puede ser, pero ése es su rol. Le aseguro que gasta en salud muchísimo menos de lo que recauda por impuestos, sacados del trabajo de todos nosotros (los próximos enfermos) y... de las industrias del tabaco y el alcohol, que pagan bastante más que otras, justamente por su potencial peligro.
Digo: discutamos el punto. Pero sin prejuicios, lugares comunes o frases hechas. Si quieren terminamos con la publicidad como tema. No más publicidad de nada. Pero las excepciones y las discriminaciones, en general, son injustas y tontas. Aparte de inconstitucionales.
Ahora, si como país nos queremos dar el lujo de quitarle los ingresos publicitarios al deporte, podemos. Siempre y cuando el Estado invierta los mismos millones en él. Para siempre y por ley. ¿Estamos dispuestos?
Porque sería otro tipo de sociedad...

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